lunes, 21 de enero de 2013

Ocurrencias I

"La literatura tiene futuro mientras contradiga a la Historia".



Günter Grass, Discurso de Aceptación del Premio P´rincipe de Asturias, 1999.

sábado, 19 de enero de 2013

Imaginación disciplinada o vocación universal.

Pero, cuidado, la ficción enmarcada en acontecimientos históricos (¿es esta una perífrasis eufemística?) es asunto muy serio, pues es fruto de una imaginación disciplinada. En la ficción enmarcada en acontecimientos históricos (¡qué molesto es el lenguaje teóricamente correcto!) la verosimilitud no depende únicamente de la coherencia del texto, sino también, e incluso más, de su fidelidad al pasado histórico, a los datos historiográficos. Para lograr esta fidelidad el escritor ha de documentarse bien, esta es la disciplina a la que tenemos que someter nuestra imaginación.

Recordad que cualquier gazapo es capaz de romper la magia del pacto de lectura.

Pero hay alternativa, no os asustéis. Frente a la ficción enmarcada en acontecimientos históricos (¿cómo evitar el circunloquio sin provocar una discusión de crítica literaria?) el escritor tiene en verdad dos opciones:

Opción A: volverse historiador, y agudizar el detalle histórico.

Opción B: volverse vidente, y agudizar la generalidad del relato.

viernes, 18 de enero de 2013

Cuando el final ya está escrito.



[…] Pero el novelista histórico toma los ingredientes que le son útiles de la poesía y de la historia. De la segunda recoge la sugestión de un viaje al pasado colectivo, que es un peculiar modo de exotismo, pero también la poderosa impresión de volver a contar un destino que se ha cumplido: el lector de un relato histórico sobre Juana de Arco sabe, de sobra, que su heroína morirá en la hoguera y el que aborde una novela cuyos protagonistas sean caballeros templarios conoce que su final será forzosamente poco halagüeño, como lo sabe el que perciba que una parte de sus personajes predilectos se han embarcado en un barco que se llama Titanic. […]
De algún modo, pues, la novela histórica hereda las convenciones de la tragedia: sus habitantes están en libertad provisional hasta que sobre ellos se cierna el final inexorable, el que ya está escrito. 
José-Carlos Mainer, La escritura desatada, Temas de hoy, Madrid, 2002, p. 225.

jueves, 17 de enero de 2013

La Historia, esa dramaturga.



      Ningún artista es durante las veinticuatro horas de su jornada diaria ininterrumpidamente artista. Todo lo que de esencial, todo lo que de duradero consigue, se da siempre en los pocos y extraordinarios momentos de inspiración. Y lo mismo ocurre en la Historia, a la que admiramos como la poetisa y la narradora más grande de todos los tiempos, pero que en modo alguno es una creadora constante. También en "ese misterioso taller de Dios", como respetuosamente llamara Goethe a la Historia, gran parta de lo que ocurre es indiferente y trivial [...] En ningún caso se ha procurado decolorar o intensificar las verdad de los acontecimientos externos o internos recurriendo a la propia invención, pues en esos instantes sublimes que la Historia configura a la perfección, no es necesario que ninguna mano acuda en su ayuda. Allí donde ella impera como poetisa, como dramaturga, ningún escritor tiene derecho a intentar superarla".

Stefan Zweig, “Prólogo” a la fabulosa Momentos estelares de la humanidad,  
Acantilado, Barcelona, 2006.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Nuestro presente histórico



Con prisas: la ciencia ficción imagina futuros.

Sin embargo su tema más profundo tal vez, sea, de hecho, nuestro propio presente histórico. También en esto es un género serio. Y nuestro presente histórico se vuelve personaje de dos modos.

En primer lugar: el hombre no puede construir de la nada, construye con aquello que tiene y conoce. Por esto, el futuro imaginado parte inexorablemente del presente de quien lo imagina, bien como una extrapolación, como una oposición apocalíptica o idealizada. En cualquier caso, una u otra cosa, implica una crítica.

Pondré ejemplos cinematográficos.


La película Gattaca extrapola la ingeniería genética y critica el determinismo genético. El mensaje de la película es un alegato a favor de la voluntad humana.


En segundo lugar:  desde el futuro imaginado el presente del autor se vuelve pasado, se vuelve historia. Y las impresiones que de aquel pasado histórico escriba el autor suponen un claro posicionamiento crítico.

Pongo ahora un ejemplo muy divertido de Woody Allen, una escena de El dormilón.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Profundamente ideológica.



Como toda fantasía la ciencia-ficción es una rama literaria de pobre prestigio. Los autores serios —estos que son proclamados como intelectuales de la opinión pública y que se consagran a ello en columnas periodísticas y en tertulias no literarias— no escriben ciencia-ficción, tal cosa, al parecer, es escapista, poco realista. Tampoco muchos lectores rinden pleitesía a la calidad de la ciencia-ficción, un frío “no me interesa” resuelve cualquier alegato    en su favor.
¿Y a vosotros, escritores del Taller, os interesa?
La ciencia-ficción es una literatura profundamente ideológica: sin ataduras realistas pero con el propósito de construir futuros verosímiles, el escritor echa mano de su ideología para hacer arquitectura.
Justamente por esta razón la primera ciencia-ficción es política. Me refiero a Utopía de Tomás Moro, cuyo título exacto es Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía, y que fue publicada por primera vez en 1516. Y también por esta razón, la primera obra de ciencia-ficción de la literatura española es un cuento del catalán Nilo María Fabra publicado en 1897, y titulado La guerra de España con los EEUU.
 
Una curiosidad: ¿recordáis lo que decía Jules Verne acerca de las anticipaciones (entrada del 3 de diciembre)? En La guerra de España con los EEUU Fabra relata una incursión bélica de EEUU en la isla de Cuba que acaba neutralizada con rotundidad por el valioso ejército español. Un año después de la publicación de este relato se produce el famoso “desastre del 98”.

lunes, 3 de diciembre de 2012

JULIO VERNE (1828-1905).


Es una simple coincidencia, y sin duda ello se debe al hecho de que cuando yo he inventado completamente una “anticipación” científica me he esforzado en hacerla tan simple y tan verosímil como fuera posible. La exactitud de mis descripciones se debe al hecho de que desde hace mucho tiempo tengo la costumbre de tomar muchas notas de libros, diarios y revistas científicas de todo tipo. Estas notas, ordenadas por materias, me han suministrado un arsenal de un valor incalculable para mí. Estoy abonado a una veintena de diarios. Soy lector asiduo de publicaciones científicas y naturalmente estoy al corriente de todos los descubrimientos o inventos que se producen en todos los campos de la ciencia, astronomía, meteorología, física o química.

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Trabajo rabiosamente. Me ha venido una buena idea… Es necesario que este desconocido no tenga ninguna relación con la humanidad, de la que está separado. No está en tierra, y prescindirá de la tierra. El mar le basta, y por ello es preciso que el mar le procure todo, vestimenta y alimentos. Nunca pondrá el pie en un continente. Continentes e islas habrán de desaparecer bajo un nuevo diluvio, y él seguiría viviendo como si nada como si nada. Y usted puede creer que su arca estará un poco mejor instalada que la de Noé.

Creo que esta situación absoluta dará mucho relieve a la obra.

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Te decía el otro día que me venían a la imaginación cosas inverosímiles. De hecho no lo son. Todo lo que un hombre es capaz de imaginar, otros hombres serán capaces de realizarlo.

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Vivimos una época en la que todo ocurre, en la que todo ha ocurrido, podría decirse incluso. Si nuestro relato no es hoy verosímil, puede serlo mañana, gracias a los recursos científicos del futuro, y nadie se inclinará a alinearlo entre las leyendas. Además, no se crean ya leyendas en el ocaso de este práctico y positivo siglo diecinueve.

Julio Verne