martes, 17 de septiembre de 2013

CALENDARIO DEL TALLER EN EL CURSO 2013/2014



Presentación del Taller: miércoles 25 de septiembre a las 19 hs. en el Aula Empresa del ed. Bibliotecas (entrada más antigua).


Taller de Escritura Creativa I: RUTAS


Taller de Escritura Creativa II: DE ALTO RIESGO
 Lugar: aula 15 del ed. Central.
Lugar: Aula Empresa del ed. Bibliotecas (entrada más antigua)
1ª Sesión, ¡Concreta!, 30 de septiembre, 14:15 hs.
1ª Sesión, Ese inconfundible toque literario, 2 de octubre, 19 hs.
2ª Sesión, Ideas encarnizadas, 7 de octubre, 14:15 hs.
2ª Sesión, Como un elefante en una cacharrería, 30 de octubre, 19 hs.
3ª Sesión, A la velocidad de nuestro tiempo, 14 de octubre, 14:15 hs.
3ª Sesión, Tabú, 27 de noviembre, 19 hs.
4ª Sesión, Inolvidable, irrepetible, único mío, 21 de octubre, 14:15 hs.
4ª Sesión, La Tierra nos sigue pareciendo plana, 15 de enero, 19 hs.
5ª Sesión, ¿Qué le pasa al lenguaje?, 28 de octubre, 14:15 hs.
5ª Sesión, Performance, 12 de febrero, 19 hs.
6ª Sesión, ¿Quién habla?, 4 de noviembre, 14:15 hs.
6ª Sesión, El Absurdo por explorar, 12 de marzo, 19 hs.
7ª Sesión, Al final, 11 de noviembre, 14:15 hs.
7ª Sesión, 3001: una odisea extrema, 9 de abril, 19 hs.


martes, 2 de julio de 2013

OCURRENCIA XI



DAVID FOSTER WALLACE

Tiene algo que ver con el amor. Con la disciplina de sacar la parte de ti capaz de amar en lugar  de esa parte que sólo quiere ser amada. Sé que esto o está de modo en absoluto. No sé. Pero al parecer una de las cosas que los escritores de ficción verdaderamente geniales hacen […] es darle al lector algo. El lector se marcha del arte auténtico mucho más pesado de lo que entró. Más lleno. […] El mejor trabajo sale probablemente de la voluntad de revelarte a ti mismo, de abrirte en un sentido espiritual y emocional que amenacen con hacerte parecer banal o melodramático o ingenuo  o pasado de moda o ñoño, y pedirle al lector que sienta algo de verdad. Estar dispuesto en cierto modo a morir para emocionar al lector de alguna manera. Incluso ahora, diciéndolo, tengo miedo de lo ñoño que parecerá esto cuando se imprima. […] Es extraño, todo ello tiene que ver con la calidad pero no demasiado con el puro talento al escribir. Tiene que ver con el clic. Antes pensaba que el clic venía de “Hostias, acabo de hacer algo realmente bueno”. Ahora perece que el clic auténtico es más algo como “Aquí hay algo bueno, y por un lado no me importa demasiado, y por otro tal vez al lector no le importe demasiado, pero es bueno porque de aquí se puede extraer valor tanto para mí como para el lector”. Quizá sea tan simple como hacer que la escritura sea más generosa y esté menos guiada por el ego.

Stephen J. Burn, Conversaciones con David Foster Wallace, Pálido Fuego, Málaga, 2012, pp. 83-84.

lunes, 13 de mayo de 2013

OCURRENCIA X



    La amistad de Goethe y Schiller representa, dentro de la cultura alemana, un acontecimiento de carácter simbólico. Por su significado y sus repercusiones rebasa la mera relación afortunada entre dos inteligencias excepcionales que supieron congeniar. Supuso, por decirlo con el lenguaje de la época, un encuentro productivo entre dos espíritus francos de rivalidad y de envidia, que se fecundaron mutuamente. Quizá el vocablo amistad designe de manera insuficiente algo de mayor alcance que abarcaría, junto a los coloquios de alto rumbo, la colaboración y el debate, el afecto compartido por dos seres de temperamentos harto disímiles. Bienaventurado el escritor que no está solo con los frutos frecuentemente defectuosos de su inventiva; que tiene quien se los juzgue en privado, sin pelos en la lengua, cuando aún hay tiempo de mejorarlos mediante la sugerencia de rectificaciones y cambios; un cómplice que es, además, la otra parte de un abrazo.


Fernando Aramburu, Goethe y Schiller: Historia de una amistad, para El Cultural, Prensa Europea S.L., Madrid, 2011

jueves, 2 de mayo de 2013

UN YOGUR, BIOY, BORGES, O CUANDO LA REALIDAD SUPERA A HONORIO BUSTOS DOMECQ.



—Borges, hablemos de su amigo Bioy Casares.
—La amistad no sé si es una virtud o un privilegio. En todo caso es una de las formas, persistente más perfectas de la felicidad. La amistad con Bioy Casares sólo me ha deparado una felicidad sin sobresaltos, persistente. He compartido con él infinita conversaciones, su casa de Buenos Aires, su casa de Mar del Plata, alguna vez el viejo caserón del campo, en Pardo. Hemos leído juntos, compartido la escritura de varios libros, hemos inventado también juntos. Tengo que decir que he aprendido de mi padre y de mi madre, y de Bioy sin duda. Yo he sido ayudado, muy ayudado en momentos de desdicha por él.
—¿Cómo empezaron a practicar el arte tan difícil de la escritura a dúo?
—Sucedió casi sin darnos cuenta. No nos hacía falta ni disciplina ni esfuerzo. Cuando uno juega, juega. Y con Bioy jugábamos.
—¿Y el primer texto que los reunió en una escritura?
—Más que un texto nos reunió la discreta generosidad de Bioy. Y el frío también. Estábamos en el campo, en Pardo, en pleno invierno, y allí Bioy me invitó a escribir un folleto aleccionador sobre el yogur de La Martona. Era un texto por encargo, muy bien pago. Bioy estaba en situación holgada, yo no. Él se declaró incompetente para realizar la tarea solo y me invitó a compartirla. En realidad, su presunta incompetencia era una forma de expresar su generosidad: quería que yo me ganara unos pesos que mucha falta me hacían. Acepté.

[…]
—Borges me contó que la primera experiencia de escritura que hicieron juntos usted y él fue un folleto sobre un yogur. Fue realmente así o se trata de otro de los chistes que solía mandarse Borges?
—La pura verdad. Mi tío Miguel Casares me pidió que escribiera un texto para el yogur de La Martona. Lo pagaban muy bien y le propuse a Borges hacerlo juntos. Nos encontramos para eso en una casa de Pardo, o más bien en los restos de una casa en estado lamentable. Cerca del fuego tomábamos cacao tan espeso como el yogur que enaltecíamos en nuestras páginas. Fue por esos días que empezamos a comentarnos la posibilidad de hacer cuentos juntos. El ensayo sobre el yogur nos aproximó, digamos… En aquellos días yo cultivaba los ensayos promocionales. Recuerdo haber escrito uno sobre las virtudes del huevo en la alimentación humana. En una parte advertía, eso sí, que los que padecían del hígado no convenía que comieran más de una docena de huevos diarios… Tal ves con esto yo estaba aproximándome a la ciencia ficción.
—Podríamos decir que el elogio del yogur sirvió de puente para legar a las ficciones de Bustos Domecq.
—Sí, podríamos así decirlo. Con esa monografía publicitaria del yogur me parece que nos sacamos de encima nuestra manera tan insufrible de escribir. Empezamos, por lo menos.

Rodolfo Braceli, Borges-Bioy. Confesiones, confesiones, Sudamericana, Buenos Aires, 1997, pp. 45-47.

TRAICIONES QUE SON LUMINOSAS.





De un lado, tenemos a Kafka y Max Brod, que protagonizaron una de las amistades literarias más sonadas. Se vieron las caras por primera vez cuando Kafka asistió a una conferencia que dictaba un tal Max Brod sobre Schopenhauer; allí nació una fraternidad que traspasaría los límites de la muerte. Brod se convirtió pronto en espejo de Kafka, en su acicate, en el compañero que lo espoleaba y animaba a publicar, hasta el punto de que, después de la muerte de Kafka, y aunque este le rogó que quemase todos sus manuscritos, los conservó y los llevó a la imprenta. Brod, como le había ocurrido a Boscán con Garcilaso, quedó a la sombra de Kafka, pero ha pasado a la historia como su biógrafo oficial, su albacea literario y amigo incondicional. 

Esteban, A. y Gallego, A., De Gabo a Mario, Espasa, Madrid, 2009, p. 105.