domingo, 11 de marzo de 2012

Agudas reflexiones, profundas, y fabulosamente escritas.

Lo que es prudencia bien puede haberse confundido hasta la fecha con tacañería, quizás incluso con tedio. Pero no: ha sido prudencia.
Casi dos años sin añadir ninguna recomendación bibliográfica sobre escritura creativa, a la exigua lista de tres libros. Y no ha sido por no leer, y no buscar, sino por no encontrar. Hasta ahora.
Lo he leído tres veces de modo que la recomendación es justa y sesuda: Escribir ficción de Edith Wharton (ed. Páginas de Espuma, Madrid, 2011) es imprescindible. Nada tiene que ver este libro con las otras tres recomendaciones: no es un manual, no son propuestas de estilo, no son aforismos. Escribir ficción es una aguda y profunda reflexión, magistralmente escrita (y bellamente traducida) acerca de la escritura creativa. No es libro de lectura diagonal, de nada vale seguir el índice, es un libro para seguir despacio, con un lápiz, para pensarlo; y no por dificultad (el estilo es sencillo y la frase justa), sino por su hondura.
Un reproche (para ser justa con el lector, y un poquito injusta con Edith Wharton): la estrechez de las referencias bibliográficas.

lunes, 30 de enero de 2012

LECCIONES DE EDITH WHARTON

La verdadera originalidad no busca una nueva forma, sino una nueva visión. Esa visión nueva, personal, se logra solo mirando al objeto representado durante el tiempo suficiente para que el escritor lo haga suyo; y la mente que llevaría a este germen secreto a dar su fruto debe estar en condiciones de alimentarlo con una riqueza de conocimiento acumulado, y con su experiencia. Para saber cualquier cosa uno no debe limitarse a conocer algo de mucha gente sino, como apuntó hace ya tiempo Matthew Arnold, debe saber de un sujeto cercano mucho más de lo que cualquier representación parcial de este muestra a la vista.
pp.33-34
 

Una de las principales obligaciones del relato es proporcionar al lector una sensación inmediata de seguridad. Cada frase deberá ser una señal y nunca (a menos que sea intencionado) una señal de las que confunden: el lector debe sentir que puede confiarse en su guía. Y una vez ganada la confianza del lector, le podremos llevar hasta las aventuras más increíbles, como nos muestran  Las mil y una noches. Un sabio crítico dijo una vez: “Podréis pedir a vuestras lectores que se crean todo lo que sois capaces de hacerles creer” (Edward L. Burlingame). […] El más insignificante toque de irrelevancia, la más mínima falta de concentración bastará para deshacer el hechizo de inmediato […]. El momento en que el lector pierde la fe en la seguridad de los pasos del autor, se abre el abismo de la improbabilidad.
[…]
Cuando ya se ha ganado la confianza del lector, la siguiente regla del juego es evitar que se distraiga, que su atención se disperse. Muchas historias que pretenden ser de terror resultan inocuas a causa de la enorme acumulación y variedad de atrocidades que contienen. Sobre todo porque, si se multiplican, deberían ser acumulativos y no dispersos. Pero, en general, cuantos menos, mejor: una vez presentado el horror preliminar, se trata de pulsar la misma cuerda —o el mismo nervio— y así se obra el milagro. Una repetición silenciosa desgasta más que varios asaltos distintos: lo esperado es mucho más temible que lo imprevisto.
pp.46-47
 
Se ha dicho a veces que “un buen tema”, en un relato, debería poder expandirse y dar lugar a una novela. Este principio puede defenderse en algunos casos, pero en otros puede dar lugar a equívocos porque no puede tomarse como una teoría definitiva. Cualquier “tema” (en el sentido que el novelista le da al término) debe contener, necesariamente, sus propias dimensiones. Y uno de los dones primordiales del escritor de ficción es el de discernir si ese tema que se presenta ante él, rogándole que lo materialice, se ajusta más a las proporciones de un relato breve o a lasa de una novela. Si se adapta a ambas, lo más probable es que no sea adecuada para ninguno.
p. 49

martes, 10 de enero de 2012

CAJÓN DESASTRE TRAS NAVIDADES

1. Leo en El cultural del 9 de diciembre:
Corrían los años ochenta y Fred escribía sin parar. Aunque sólo durante tres semanas al año. Las tres semanas de vacaciones. Su primera novela se tituló Los juegos del amor y de la muerte y la publicó en 1986 en la pequeña editorial que se resiste a abandonar (Viviane Hamy). Fred tenía 29 años y tres pilares, la filosofía de Rousseau, los endiablados (y a menudo heridos) personajes de Hemingway y la calma literaria de Marcel Proust, sus tres maestros. De aquella primera historia vendió 1500 ejemplares. […] Hoy, 25 años después de aquel primer disparo, con más de cinco millones de libros vendidos y dos series en marcha […], la hija de Audoin se dedica básicamente a escribir (hace siete años que pidió una excedencia del Centro de Investigación Nacional).
Y me emociono, aunque no dispongo de tres semanas de vacaciones en las que poder dedicarme exclusivamente a la escritura, como Fred Vargas.
2. Hoy mismo he leído un texto fabuloso sobre la influencia de la que ya se ha hablado en el blog.
Escribir es aquello que, como el eros, hace oscilar y vuelve porosos los límites del yo. Todo estilo se forma por sucesivas campañas —con pelotones de incursores o con ejércitos enteros— en territorio ajeno.
La cita es de Roberto Calasso en la página 17 de La Folie Baudelaire (Anagrama, Barcelona, septiembre del 2011). Y da un ejemplo fabuloso de influencia:
Existe además otro caso: “lo Bello no es más que la promesa de felicidad”. Baudelaire debía de tener en mucha estima estas palabras, que son una variación de Stendhal, dado que las cita tres veces en sus escritos. Las había encontrado en De l’amour, libro que hasta entonces circulaba entre una minoría de los happy few. Stendhal no se refería al arte, sino a la belleza femenina. […] Son las cinco de la mañana y Stendhal sale, todavía encantado, de un baile de la sociedad de comerciantes de Milán. Anota: “Nunca en mi vida había visto una reunión de mujeres tan bellas; su belleza hace bajar la mirada. Para un francés, ésta tiene un carácter noble y sombrío que hace pensar en la felicidad de las pasiones mucho más que en los placeres pasajeros de una galantería vivaz y alegre. La belleza es siempre, me parece, una promesa de felicidad”. […] Baudelaire no puede contenerse de inervarle un pensamiento, operando un desplazamiento decisivo: desvía las palabras de Stendhal hacia el arte y, en lugar de “belleza” habla de “lo bello”.
3. Leo también en El cultural, esta vez del 16 de diciembre, el artículo Residencias para artistas. ¿Dónde, cómo, por qué?, y empiezo a imaginar no una residencia —eso sería soñar— sino un Taller físico para nuestro Taller, un lugar donde podamos escribir lejos de la soledad de nuestros cuartos, un espacio del que colgar palabras, en el que reunirse espontáneamente y sin horarios, con todo el material para escribir, un lugar al que vayamos con mono dispuestos a salpicarnos unos a otros con ideas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

TAREA FINAL.

  Para la obtención de un certificado de participación en el Taller de Escritura Creativa y la obtención de un crédito ECTS será preciso escribir un relato de entre 3 y 6 páginas a doble espacio y fuente Times New Roman 12.
  El relato debe abordar una de estos motivos:

                 1. La creación artística (literaria o no).
                 2. Un acontecimiento histórico real.
                 3. La ciencia-ficción.

   Los relatos habrán de ser enviados por correo electrónico antes del 9 de enero del 2012.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

TEXTOS DE LA SESIÓN "ESA COSA LOCA LLAMADA ESTILO"

El tacto de la oscuridad es viscoso, como una ola de mar que te hunde.
El color del hambre es rojizo como barro arcilloso o metal oxidado.

Paula Tellechea Aramburu





lunes, 14 de noviembre de 2011

CORRIENTE DE CONCIENCIA

William James, en Principles of Psychology, 1890, acuñó el término “stream of consciousness” por analogía entre los cambios de nuestra intimidad y la renovación de las aguas en la corriente de un río. Desde luego que no fue el primero en observar el continuo e indivisible fluir psíquico. […] La realidad primaria de una mente personal —el “yo” enfrentado a un “no-yo”— era para él una sucesión incesante, versátil e irreversible de sensaciones, percepciones, sentimientos, deseos, aversiones, recuerdos, imágenes, ideas… […]
Narradores de todos los tiempos intentaron, si no reproducir los procesos mentales, porque eso es imposible, por lo menos fingir que lo que narraban era una reroducción. Pero en el pasado el análisis interno del fluir psíquico se hacía desde fuera o, si se hacía desde dentro, no penetraba en la zona de lo no verbal. En cambio, en el siglo XX, muchos narradores se especializaron en procedimientos que, por ser nuevos, requerían un bautizo. Entonces se les dio el nombre de “monólogos interiores narrados” y “monólogos interiores directos”.
[…]
En los monólogos interiores de la literatura contemporánea, el lenguaje se organiza, no sobre la gramática, sino sobre lo que la psicología nos enseña de la personalidad profunda. Se produce entonces una revolución lingüística […]. Parecen informales, antiartísticas y sin duda rompen las normas de la gramática, pero es porque se zambullen en el fluir psíquico de un personaje y, mientras se van nadando, asoman la cara sobre las ondas para hacer señas al lector. La prosa de la narración de pronto entra en laberintos sintácticos que remedan laberintos psicológicos. Surge así una nueva retórica, tan mañosa como la vieja.
[…]
El lector lee una serie de palabras; pero las palabras del narrador están allí precisamente para llamar la atención sobre el hecho de que no hay palabras que rindan con plenitud las impresiones del personaje. Son impresiones prelingüísticas, inefable, inenarrables. El mundo psíquico corre rápido y digresivo por debajo del lenguaje.
[…]
Los monólogos interiores propiamente dichos no explican ni comentan la idiosincrasia del personaje, sino que el personaje mismo se desnuda en silencio. Surgen de una honda fuente y por eso el narrador no los organiza ni lógica ni semánticamente. En todo caso la gramática es tan floja que a través de sus grietas uno cree vislumbrar una tenebrosa subconsciencia.

E. Anderson Imbert, Teoría y técnica del cuento, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 209-221.




Frsiiiiiiiiifronnnnng tren pintado por alguna parte la fuerza que tiene dentro esas máquinas como gigantes enormes y el agua hirviéndoles por todas partes y saliéndoles por todos lados como el final La vieja y dulce canción de amoor los pobres hombres que tienen que andar fuera toda l noche lejos de sus mujeres y familias en esas máquinas asadas sofocantes fue hoy me alegro de haber quemado la mitad de esos recortes viejos del Freeman y Photo Bits dejando cosas así tiradas por ahí se está volviendo muy descuidado y tiré todas las demás por el W.C. le haré que me los corte mañana en vez de tenerlos ahí hasta el año que viene para sacar unos pocos peniques por ellos dónde está el periódico de enero pasado y todos esos gabanes viejos que saqué en un lío del recibidor dando al sitio más calor del que tiene la lluvia fue estupenda y refrescante precisamente después de mi primer sueño creía que iba a ponerse como Gibraltar Dios mío qué calor allí antes que llegara  […]

James Joyce, Ulises, Aguilar, Madrid, 2004, t. I, p.536.



miércoles, 9 de noviembre de 2011

TEXTOS DE LA SESIÓN "CONMUEVE"

Cuando dirigió una mirada instantánea al árbitro, que agarraba con fuerza el silbato, volvió su rostro al frente y comenzó a correr entre gritos. El balón trazó una diagonnal perfecta entre los defensores y cayó ante sus pies. Ahora miró al portero, que a escasos metros frunció el ceño en espera de un golpe mortal. El balón voló sobre el larguero, y tres cortos pitidos indicaron el final. Cuando todos se retiraban, batido en el cesped, el futbolista lloraba como un niño.
Víctor Pereira Sánchez
El objeto ha caído al agua y ese agua reacciona creando formas de extraordinaria violencia, formas que recuerdan a la nube de fuego y polvo levantada por una bomba atómica. Se forma una onda precisa y rápida que en círculos concéntricos se aleja del punto donde ha caído el objeto. en ese punto el fluido se eleva en una columna que aparenta una solidez que ni siquiera parece propia del agua, y llega unos centrímetros más arriba, como dándose cuenta de su fragilidad, se separa en mil gotas.
Paula Tellechea

Textos elaborados en el curso de la 4ª sesión, el 20 de octubre de 2011.